Bienvenid@ al sitio de
sáb
28
abr
2012
Una cumbia lacaniana ¿Ahora seguirán diciendo que somos aburridos y que sabemos mover el esqueleto?
vie
27
abr
2012
Tertulia:Un método peligroso
TERTULIA CON CAFÉ Y PASTELITOS
Miércoles 16 de mayo 20. 15 hs.
Tema de tertulia:
Un Método Peligroso*.
C. Jung, Sabina Spielrien, Sigmund Freud
*Película dirigida por David Cronenberg; con Keira Knightley, Viggo Mortensen y Michael Fassbender.
En tiempos de “la seguridad” ¿es el psicoanálisis un peligro? Acaso convendría recuperar el peligro del método sin reducir el amor en psicoanálisis a una psicología de lo políticamente correcto. Las mujeres para la literatura, las ciencias, la filosofía, la política y la religión ¿Serían peligrosas?
Proponemos reunirnos a charlar sobre las preguntas que nos suscite la película de Cronenberg. Inician el método:
Alex Forster, Alberto Sladogna, Claudia Weiner
Nota: No se proyectará la película en la Tertulia.
No se presentaran trabajos escritos, pues nos proponemos charlar (¿…un método peligroso?).
Lugar: Escuela de Pastelería Profesional S.T.P.C.P.H.Y.A.
Avda. Corrientes 4367 4to piso. CABA.
La escuela, la dirección del sindicato y sus miembros convidan con café y masitas.
ACTIVIDAD ABIERTA a quienes estén interesados.
elsabersabor@gmail.com
http://www.elsaborsaberdelpsicoanalisis.org/
lun
23
abr
2012
Un método peligroso: reportaje a Jacques Lacan, texto presentado por Alberto Sladogna, psicoanalista,@sladogna
Reproducimos aquí una entrevista realizada a Jacques Lacan en el 21 de diciembre de 1974. Han pasado ya treinta y ocho años de la misma ¿Cuál es el objeto de hacerla circular hoy? El objeto no es ninguno salvo el placer de leer, si el placer de leer una entrevista, ni más ni menos, leer entrega, a quien se arriesga a practicarla, a una experiencia del plus del placer (un plus del goce).
Conviene precisar: si se está fatigado es cuando se presenta el horizonte de continuar sin objetivo alguno, salvo el leer. Leer por el disfrute, el plus de goce, que leer provoca. El plus de gozar la lectura abre horizontes inesperados.
Para seguir leyendo en http://www.escucharte.info/
dom
08
abr
2012
Preguntas a Enrique Dussel sobre ”El amor en la República”*, Primera Parte, *Alberto Sladogna, psicoanalista, @sladogna
jue
01
sep
2011
video:La botella del amor ¿será de Klein?
En el curso de los años "calientes" de Europa y América Latina en la decada del 1960/1970, donde los estallidos de calor hacen irrupción en la sociedad europea,y en nuestra América Latina (Tlatelolco, Córdobazo,...) basta recordar el Mayo del 68 francés: ¡Pidamos lo imposible!¡Las estructuras no salen a las calles!.
Las manfestaciones desnudaban, se desnudaban, se producían nudos. En ese momento Foucuault comenzará a interrogar "¿Qué es un autor?", conferencia a la que Jacques Lacan se sintió convocado por el tema. En 1969/1970 Lacan inicia su seminario oral :"El envés del psicoanálisis".
Ese seminario es reducido o motejado como el seminario de "Los cuatro discursos" ¿Qué extraño pues Lacan sólo habla del discurso y sus formas? Conviene para localizar esas formas darle lugar a una botella, la de Klein, una botella cuyo recorrido muestras las locuras del amor, incluido el amor de transferencia en cada análisis.
¡Qué cosas que tiene la teoría! Si contamos como si fuese correcto sólo"4 discursos" surge una pregunta ¿Por qué causa no aparece el discurso del amor? El amor ¿carece de discurso , no será discursivo? ¿Será que la botella le da lugar al amor ausente?
lun
22
ago
2011
INCÓGNITA: EL ANALISTA ANTE LOS EFECTOS SUBJETIVOS DE LA POLÍTICA
HOY EN UN NUEVO ANIVERSARIO DE LA MASACRE EFECTUADA POR FUERZAS MILITARES EN TRELEW, ARGENTINA, DONDE FUERON ASESINADOS 19 PRESOS POLÍTICOS EN SUS CELDAS APLICÁNDOLES LA "LEY DE FUGA", CONVIENE LEER EL ARGUMENTO DE UNA ACTIVIDAD EFECTUADA EN MÉXICO, EL DÍA 2/12/2006:
EL PSICOANALISTA EN LA POLÍTICA HOY
JORNADA DE TRABAJO DE LA ELP, ORGANIADA POR TRISKEL UNA ASOCIACIÓN DE LA ESCUELA LACANIANA DE PSICOANÁLISIS
Ejercicio de construcción, en el ámbito público, de un lugar para el psicoanalista, en el cual la política no resulte excluida
Cuando los nazis vinieron por los comunistas
me quedé callado;
yo no era comunista.
Cuando encerraron a los socialdemócratas
permanecí en silencio;
yo no era socialdemócrata.
Cuando llegaron por los sindicalistas
no dije nada;
yo no era sindicalista.
Cuando vinieron por los judíos
no pronuncié palabra;
yo no era judío.
Cuando vinieron por mí
no quedaba nadie para decir algo.
Atribuido a Bertolt Brecht, o a Martin Niemöller, o a...
Aunque en nuestro medio ‑México, D. F.‑ no ha sido habitual admitirlo, el psicoanalista involucrado en la transmisión del psicoanálisis (aunque no sólo éste), más allá de su grupo de trabajo o de
pertenencia, más allá de su escuela o institución, el psicoanalista forma parte de la vida pública del país en el que ejerce su práctica.
Sin embargo, y debido precisamente a la particularidad de esa práctica, no cabe que el psicoanalista se presente en los espacios públicos de cualquier manera. Por ese motivo, como punto de
partida de este ejercicio, reconocemos la incompatibilidad de la posición del intelectual asimilado al poder y la del psicoanalista. Nos referimos especialmente al “experto”, al “especialista”,
que fundamentan su inserción en el poder en su saber académico especializado o en su actividad de escritor (por ejemplo, Carlos Fuentes). Nos referimos a los intelectuales investidos con
atributos de pontífice ‑parece que se creyeran infalibles‑ que más que colaborar con el pensamiento, prescriben sobre lo que sea: la democracia, la identidad, la función social de las
instituciones, los ingredientes de la política, etc., incluso como “disidentes oficiales”. Por lo tanto, en este ejercicio, nos toca despejar la relación del psicoanalista con los conflictos
propios de la situación política en esta coyuntura particular que estamos viviendo.
Pero en nuestro medio, salvo las debidas excepciones (por ejemplo, en Psicopatología de la vida política cotidiana, actividad realizada en Guadalajara, el 25 de agosto de 2006), la participación
de los intelectuales y la de los psicoanalistas en las circunstancias actuales de la política ha sido calamitosa. A propósito de estos últimos, desde el punto de vista de la metodología más
general de cualquier actividad intelectual, del teórico o clínico, del de la política más rudimentaria, las escasas participaciones de psicoanalistas en comentarios de la actualidad política en
México, del tipo de los que se pueden ver y escuchar en http://www.youtube.com/watch?v=3CMA-v6_6dA, no abren ninguna discusión, no diseñan ningún lugar para el psicoanalista y excluyen la
política de su horizonte.
Por ese motivo, y con la finalidad de disponer de la materia prima necesaria para comenzar este ejercicio en México, presentaremos la manera en que algunos psicoanalistas se insertaron, en
Argentina, en la polémica ‑y en la irritación‑ desencadenada por los términos de una carta del filósofo y escritor Oscar del Barco (ver Debates en http://www.revistalaintemperie.com.ar/), en la
que manifestaba su arrepentimiento por el apoyo que en el pasado él le había brindado a la lucha armada, a la guerrilla. En el contexto del inicio de la salida de una profunda crisis económica,
social, política, que hizo tambalear las instituciones argentinas desde sus cimientos, en un contexto social caracterizado por la necesidad de construir la historia reciente, incluida la del
proyecto de exterminio llevado a cabo por la dictadura militar de 1976-1983, los psicoanalistas se incluyeron en el debate desencadenado por del Barco. Por ejemplo, la revista Conjetural dedicó
una parte de sus números 42 (mayo de 2005) y 43 (octubre de 2005) a este tema. El número 6 de la revista Lucha armada en la Argentina incluyó un texto de Mario Betteo, psicoanalista radicado en
Buenos Aires, acerca de la misma cuestión.
Es claro que hay diferencias notables entre las sociedades de México y Argentina. Pero en ciertos puntos, el totalitarismo se expresa con el mismo lenguaje en diferentes países. En Argentina, el
golpe militar que el 6 de septiembre de 1930 derribó un gobierno no menos legítimo por errático, se inspiró, según sus declaraciones, en el “bien público”, proclamó el “respeto a la Constitución
y a las leyes vigentes” y aspiró “devolver la tranquilidad a la sociedad”. Los gobernantes surgidos de ese golpe juraron “observar y hacer observar fielmente la Constitución” y sostuvieron:
“empeñamos nuestra palabra y nuestras vidas para conseguir que la República vuelva a su estabilidad institucional” (citado en Tulio Halperin Donghi, La República imposible (1930-1945), Ariel,
Buenos Aires, 2004, pp. 335-336). De ahí en adelante, los distintos gobiernos surgidos de golpes militares declararon el respeto a las instituciones y a las leyes, aunque las violaran al acceder
al poder mediante el derrocamiento de gobiernos legalmente constituidos. El colmo fue la sangrienta dictadura iniciada el 24 de marzo de 1976 que pretendió “reconstruir” la forma de vida
“occidental y cristiana” cometiendo los crímenes más atroces.
En México, el discurso que defiende las instituciones y la aplicación de las leyes de acuerdo al lenguaje totalitario avanza día a día. Las declaraciones de intelectuales acerca del proceso
electoral del 2 de julio, por ejemplo, las que sostuvieron que fueron las más limpias de la historia de este país o las que afirmaron que en ese proceso electoral no hubo fraude, advertidamente o
no, alimentan no sólo el discurso totalitario sino también el recurso al uso de la violencia de los aparatos represivos contra los que se manifiestan como partes involucradas en conflictos no
resueltos (por ejemplo, los artículos del número de octubre de 2006 de la revista Letras Libres que caen bajo el título “Lidiar al México Bronco”).
Pero la práctica del psicoanálisis y su transmisión no son independientes del contexto político en el se efectúan. Cuando el totalitarismo llega a cierto nivel de represión, la práctica del
psicoanálisis ‑como la de cualquier actividad de la cultura, el arte, la ciencia, la política‑ empieza a perturbarse hasta que en algún momento llega a hacerse imposible. Por eso es necesario,
hoy, despejar el lugar del psicoanalista en la política.
FECHA: sábado 2 de diciembre de 2006.
LUGAR: Sala José Revueltas. Centro Cultural Universitario. Ciudad Universitaria.
HORARIOS:
A las 12 horas, proyectaremos la película Trelew (Argentina, 2003, 98 minutos), documental de Mariana Arruti. Sinopsis: Agosto de 1972, durante la dictadura militar de 1966-1973. Cárcel de máxima
seguridad de Rawson, Patagonia Argentina. El plan de fuga de más de un centenar de presos políticos se pone en marcha. Algunos logran alcanzar el cercano aeropuerto de Trelew, su puerta de escape
hacia el Chile socialista. El resto correrá distinta suerte. Trelew es un punto de quiebre, presagio de lo que vendrá en un país que ya no será el mismo.
Presentaciones de Alberto Sladogna, Miguel Felipe Sosa, José Steinsleger, seguidas de las respectivas discusiones.
mar
26
abr
2011
Interrogar la anomalía: bajar los cuadros de los dictadores
TERTULIA CON CAFÉ Y PASTELITOS
TEMA: LA ANOMALÍA ARGENTINA
Cuando Néstor Kirchner hizo cumplir la orden de bajar los cuadros de los dictadores llevo a cabo un acto anómalo: subvirtió la tradición de dejar exhibido a los gobernantes de la dictadura.
Ese acto anómalo dio lugar a provocar en el terreno de la política, de la economía, de la cultura, de la vida subjetiva del decir franco,ese acto permitió bajar los cuadros de la dictadura, los cuadros de lo "normal".
Como analistas añadimos: bajar la dictadura de los cuadros llamados "psicopatológicos", cuadros que se han puesto al servicio de perseguir, discriminar a las mujeres, a los hombres, a la infancia, a los adult@s y a cualquier forma anómala de vivir con alegría una vida alejada del dictado "normal".
Con Carlos Tomada, Ministro de Trabajo y Seguridad Social de la Nación, militante peronista, pre candidato del FPV para CABA y Ricardo Forster, filósofo, uno de los fundadores de CARTA ABIERTA dialogaremos sobre este momento anómalo que se mantiene.
La Tertulia con café y pastelitos se llevará a cabo el día JUEVES 12 DE MAYO DEL 2011, A LAS 21,15HS en Avenida Corrientes 4367, 4to. Piso albergados por el Sindicato de Pasteleros en CABA, Argentina. Es una invitación abierta, los esperamos
lun
18
abr
2011
el masoquismo compartido
el masoquismo compartido
masoquismo juguetón
dom
17
abr
2011
Las fantasías de ser flagelado y su relación con un sueño diurno, Anna Freud
LA FANTASÍA DE SER GOLPEADO Y SU RELACIÓN CON UN SUEÑO DIURNO, de Anna Freud*
(*El siguiente artículo fue escrito en base a varias discusiones que tuve con la señora Lou Andreas-Salomé)
En su artículo “Pegan a un niño” , Freud se ocupa de una fantasía que de acuerdo con él, se encuentra en un sorprendente número de personas que acuden en busca de tratamiento analítico a causa de un histeria o de una neurosis obsesiva. Él piensa que es muy probable que aquélla aparezca, incluso con mayor frecuencia en otros individuos que no han sido orillados por una enfermedad manifiesta a tomar dicha resolución. Esta “fantasía de paliza” está invariablemente investida con elevado de placer y desemboca en un acto de satisfacción autoerótica placentera. Habré de dar por sentado que el contenido del artículo de Freud –la descripción de la fantasía, la reconstrucción de las fases que la acompañan y su derivación del complejo de Edipo- es conocido por el lector. En el transcurso de mi artículo, habré de regresar al mismo y retomarlo con algún detenimiento.
En un apartado del mencionado artículo, Freud dice: “En dos de mis cuatro casos femeninos se había desarrollado sobre la fantasía masoquista de paliza una superestructura de sueños diurnos muy ingeniosa y sustantiva para la vida de la persona en cuestión, y que tenía como función posibilitar el sentimiento de la excitación satisfecha aun con renuncia al acto onanista.” A partir de esto, puedo seleccionar de una variedad de sueños diurnos, uno que resulta especialmente adecuado para ilustrar esta breve indicación. Este sueño diurno fue elaborado por una chica de quince años, cuyo vivenciar en el nivel de la fantasía, no obstante su riqueza, nunca había entrado en conflicto con la realidad; el origen, la evolución y la culminación del sueño diurno, pudieron ser establecidos con certeza; y tanto su procedencia como su dependencia de una fantasía de paliza de larga raigambre, fueron constatadas en el análisis.
Habré de trazar ahora, el curso del desarrollo del vivenciar en el nivel de la fantasía de esta soñadora diurna. En su quinto o sexto año de vida –antes del inicio escolar, ciertamente- ella comenzó a albergar una fantasía de paliza del tipo descrito por Freud. Al principio, su contenido se mantuvo monótono: “Un niño es azotado por un adulto”. Posteriormente se modificó a: “Muchos niños son azotados por muchos adultos”. Los niños, sin embargo, tanto como los adultos, permanecían no identificados, al igual que el motivo por el cual era se aplicaba el castigo. Cabe suponer que la representación de estas escenas en la imaginación de la niña era muy vívida; el recuerdo, sin embargo, dado de ellas durante el análisis, era todo menos detallado o lúcido. Siempre que la fantasía era rememorada, se hacía acompañar por una fuerte excitación sexual y culminaba en un acto onanista. El sentimiento de culpa que se adhería a la fantasía en los casos de Freud, como ocurría también en esta chica, es explicado por este último, de la siguiente manera. Él plantea que la forma recién descrita de la fantasía de paliza no es la forma inicial, sino aquélla que viene a sustituir en la conciencia, otra fase inconsciente y más temprana. En esta fase inconsciente, las personas que ulteriormente se volvieron irreconocibles e indiferentes, eran plenamente identificables e importantes –el niño que estaba siendo castigado, era el mismo que producía la fantasía, el adulto que administraba el castigo, era el propio padre del soñante. Incluso, de acuerdo con el artículo de Freud, esta fase no es la primaria, sino sólo una transformación de una primera fase que la antecede, y que pertenece al período de la mayor actividad del complejo parental. Esta primera fase tuvo en común con la segunda, que la persona que azotaba, era el padre del soñante; el niño que estaba siendo azotado, sin embargo, no era aquél que produjo la fantasía sino otro, un hermano o una hermana, por ejemplo, un rival en la lucha por el afecto del padre. El contenido y significado de la fantasía de paliza era, en su primera fase por lo tanto: que el niño reclama todo el amor del padre para sí, y abandona a los otros a expensas de su ira y de su cólera. Posteriormente, por un proceso de represión que se llevó a cabo, apareció un sentimiento de culpa y, a la inversa del triunfo inicial, el castigo fue revirado sobre el propio niño. Al mismo tiempo, sin embargo, como consecuencia de una regresión desde una organización genital hacia otra pregenital, de carácter anal-sádico, la fantasía de ser azotado se mantuvo aún para el niño como una fantasía de ser amado. Así, la segunda fase fue establecida; pero permaneció inconsciente debido a toda la significación de su contenido, y fue sustituido en la conciencia por una tercera fase, mejor elaborada para enfrentar las demandas de la censura. A esta tercera fase, sin embargo, se añadió la excitación libídinal y el sentimiento de culpa, debido al significado secreto que, oculto bajo su forma modificada, se mantenía: “Mi padre me ama sólo a mí”.
En el caso de la chica mencionada, este sentimiento de culpa se asociaba menos al contenido mismo de la fantasía –aunque este último no fue desaprobado desde el principio- que a la gratificación autoerótica que regularmente ocurría durante su clímax. La pequeña niña, por tal motivo, durante un cierto número de años, realizó renovados -aunque siempre fallidos- esfuerzos, por separar el uno de la otra, es decir, para mantener la fantasía en tanto fuente de placer y, al mismo tiempo, tomar distancia del hábito autoerótico, el cual era sentido como irreconciliable con el patrón moral demandado por su yo. El contenido de la fantasía en dicho período atravesó por las alteraciones y elaboraciones más complejas. En el intento de disfrutar el placer legítimo el mayor tiempo posible, y de aplazar indefinidamente su clímax prohibido, ella añadió descripciones con una abundancia de detalles indiferentes en sí mismos. Elaboró instituciones enteras, escuelas y reformatorios en los cuales se imaginaba que las escenas de paliza tenían lugar, y establecía reglas precisas que determinaban la construcción de diversas escenas. Las personas que azotaban eran, en aquel momento, invariablemente maestros; sólo posteriormente y en casos excepcionales, los padres de los niños fueron incluidos –como espectadores, principalmente-. Pero aún en este elaborado bordado de la fantasía, la soñadora diurna dejaba las figuras como no identificadas y les negaba todo rasgo característico, como por ejemplo, caras y nombres individuales, o historias personales.
Ciertamente, no pretendo suponer que el aplazamiento de la situación placentera por la vía de prolongar y ampliar la fantasía entera, sea en todos los casos la manifestación de un sentimiento de culpa, es decir, la consecuencia de un intento de separar la fantasía de un acto onanista. La misma operación técnica puede ser encontrada dentro de fantasías que nunca han producido un sentimiento de culpa. Éstas, tan sólo están al servicio de un reforzamiento de la excitación y de esa forma elevar el placer final ganado por el soñador.
En el caso de esta chica, después de un tiempo, las fantasías de paliza entraron en una nueva etapa de desarrollo. Con el paso de los años, las tendencias del yo -en las que las exigencias morales establecidas por su entorno fueron incorporadas-, paulatinamente ganaron fuerza. Como consecuencia, ella se resistía cada vez más a ceder a la fantasía sobre la que sus tendencias libidinales se habían concentrado. Ella se dio por vencida por el fracaso de todos sus intentos de separar la fantasía de paliza del acto onanista, y consecuentemente el contenido de la fantasía cayó bajo la misma prohibición que regía sobre el acto onanista. Cada reactivación de la fantasía significaba una seria lucha contra fuertes tendencias opositoras y era seguida por autoreproches, remordimientos de conciencia y un corto período de depresión. El placer derivado de la fantasía fue progresivamente confinado al clímax mismo, el cual era precedido tanto como sucedido por “dolor”. A partir de que con el paso del tiempo, las fantasías de paliza vinieron a fungir cada vez menos en cuanto fuente de placer, fueron ampliamente restringidas en su actividad.
Más o menos por esta misma época –al parecer entre su octavo y décimo año de edad-, la niña comenzó a presentar una nueva clase de fantasías, que ella misma distinguió bajo el nombre de “bonitas historias”, para separarlas de las desagradables fantasías de paliza. Estas “bonitas historias” parecían, al menos a primera vista, involucrar una cantidad de situaciones placenteras y agradables, que describían ejemplos de comportamiento amable, considerado y afectuoso. Los personajes dentro de estas bonitas historias se distinguían porque sus nombres estaban bien identificados, sus apariencias personales eran descritas en detalle y sus historias de vida, eran también establecidas –en cuanto a estas últimas, retrocediendo, algunas veces, muy remotamente a través de un pasado imaginario-. Las circunstancias de las diversas personas, su trato y relación mutua eran precisados y los detalles de su vida cotidiana eran modelados de acuerdo al patrón de la realidad. Las modificaciones de los entornos de la soñadora diurna eran seguidas por transformaciones sobre las escenas imaginarias, y los efectos de la lectura podían ser fácilmente rastreados en estas últimas. El clímax de cada situación era invariablemente acompañado por un fuerte sentimiento de placer; ningún sentimiento de culpa aparecía, y ninguna gratificación autoerótica tomaba lugar en conexión con aquél. La niña, por consiguiente, no sentía resistencia alguna a abandonarse plenamente en esta clase de sueño diurno. Ésta era, por tanto, la superestructura ingeniosa de los sueños diurnos, referida por Freud. Qué tanto se justifica plantear que ésta se había desarrollado a partir de las fantasías masoquistas de paliza, espero demostrarlo en el curso ulterior de este análisis.
La misma soñadora diurna desconocía cualquier conexión entre sus bonitas historias con las fantasías de paliza. Si alguna posibilidad de este tipo se le hubiera señalado en su momento, ciertamente, ella habría rechazado la idea enérgicamente. Las fantasías de paliza eran para ella la concretización de todo lo que ella consideraba feo, prohibido y depravado, mientras que las “bonitas historias” eran para ella belleza y placer. Ella estaba firmemente convencida de la mutua independencia entre los dos tipo de fantasías, en la medida en que ningún personaje de una “bonita historia” jamás penetraba dentro de la esfera de las fantasías de paliza. Las dos eran mantenidas aparte muy cuidadosamente –incluso en relación al tiempo: cada reactivación de las fantasías de paliza tenía que ser seguida por una renunciación temporal de “bonitas historias”. Incluso durante el análisis, como se mencionó antes, la chica nunca dio un relato detallado de alguna escena de paliza particular. Debido a su vergüenza y a su resistencia, a lo más que se le pudo inducir a aportar, fueron alusiones breves y encubiertas, que dejaban al análisis la tarea de completar y reconstruir un cuadro de la situación original. Ella se conducía de modo muy distinto en relación a las “bonitas historias”. Tan pronto como su primera resistencia a hablar libremente se había superado, ella ofrecía descripciones vívidas y detalladas de sus diversos sueños diurnos. Su impaciencia en hacerlo era tal, que incluso daba la impresión de experimentar, mientras hablaba, un similar o aún mayor placer que con el soñar diurno efectivo. En estas circunstancias, era relativamente fácil contar con un panorama general de la vastedad de personajes y situaciones producidos por su fantasía. Ello derivó en que la chica había formado no una sino toda una serie completa de lo que llamó “historias continuadas”, cada una de las cuales teniendo un contexto diferente y un grupo distinto de personajes. Una de esas “historias continuadas” puede ser considerada la historia fundamental y más importante; ésta contenía el mayor número de personajes, prevaleció durante años y experimentó varias transformaciones; además, otras historias se desprendieron de la misma, las que –como en las leyendas o la mitología- adquirieron con el paso del tiempo, completa independencia. Paralelamente a esta historia principal, la chica mantuvo otras historias diversas, más breves y menos importantes, que ella empleó alternadamente. Todos estos sueños diurnos invariablemente pertenecieron al tipo denominado “historias continuadas”.
Para avanzar en la introspección dentro de su organización, llevaremos nuestra atención a una “bonita historia” en particular, la cual, debido a su brevedad y claridad, se adecua mejor a los propósitos de este artículo.
A sus catorce o quince años, tras haber elaborado cierta cantidad de historias continuadas que mantenía paralelamente, la chica tropezó accidentalmente con un libro de un muchacho, acerca de narraciones; contenía, entre otras, una breve historia en la que la acción transcurría en la Edad Media. La chica la leyó una o dos veces con gran interés; cuando la hubo terminado, regresó el libro a su dueño y no lo volvió a ver más. Su imaginación, sin embargo, había tomado ya posesión de varias figuras y de un conjunto de detalles descritos en el libro. Inmediatamente, ella retomó el hilo de la historia, continuó desarrollando la acción y, reteniéndola en adelante como una de sus “bonitas historias”, ella procedió como si se tratara de un producto espontáneo de su propia imaginación. A pesar de varios intentos realizados durante el análisis, resultó imposible establecer con certeza qué había sido añadido a la historia original. Su contenido había sido desarticulado, devorado por su activa imaginación, y nuevas fantasías lo habían recubierto, al punto de que cualquier intento de distinción entre los detalles espontáneos y aquellos que habían sido borrados, estaba destinado a fracasar. No quedaba otra alternativa, por tanto, sino hacer de lado la cuestión de lo original, y abordar el contenido de las escenas imaginarias sin ocuparse de las fuentes de las que había surgido. El tema de la narración era el siguiente: Un Caballero medieval ha estado por años en enemistad con un grupo de nobles que se han unido en contra de él. En el transcurso de una batalla, un joven noble de quince años (la edad de la soñadora) es capturado por los hombres del Caballero. Es llevado al castillo de éste y ahí es mantenido prisionero por algún tiempo, hasta que finalmente obtiene su libertad nuevamente. En lugar de desarrollar y continuar el cuento (como una novela publicada en fascículos), la chica hizo uso de la trama como una suerte de marco contextual para su sueño diurno. Dentro de ese marco, ella insertó cantidad de escenas, cada una de las cuales estaba organizada como una historia independiente, que contenía una introducción, un desarrollo del argumento y un final. Sin embargo, no había secuencia lógica en la elaboración completa del cuento. Ella era libre en cualquier momento, de elegir entre las diferentes partes del cuento, de acuerdo a su estado de ánimo; y podía insertar siempre una nueva situación entre otras dos, cada una de las cuales había elaborado y previamente unido una con otra.
En este sueño diurno comparativamente simple, sólo hay dos personajes realmente importantes; el resto puede ser dejado de lado, teniendo un valor meramente episódico. Una de estas figuras principales es el joven prisionero, quien es dotado en el sueño diurno con varios rasgos de carácter nobles y agradables; el otro es el Caballero, el cual es descrito como rudo y brutal. Diversos incidentes en relación al pasado de ambos y a sus historias familiares, fueron elaborados y añadidos a la trama con el fin de profundizar la hostilidad entre ellos. Esto sienta la base de un antagonismo aparentemente inconciliable entre un personaje fuerte y poderoso y otro que es débil y se encuentra bajo el dominio del primero. Su encuentro inicial fue descrito en una gran escena introductoria en la cual, el Caballero amenaza con torturar al prisionero, con el fin de forzarlo a traicionar importantes secretos. El joven, entonces se da cuenta de su total desamparo y empieza a temer a su enemigo. En estos dos factores –temor y desamparo- fueron basados todas las situaciones subsecuentes; como por ejemplo, en consecución a su plan, el Caballero está a punto de torturar al prisionero, pero en el último momento desiste. Casi lo mata debido al encarcelamiento en el calabozo de su castillo, pero le ha atendido y vuelto a la vida antes de que sea demasiado tarde para su recuperación. Tan pronto como el prisionero se ha recobrado, el Caballero regresa a su plan original, pero por segunda ocasión cede ante la fortaleza del prisionero. Y mientras aparentemente está resuelto a hacer daño al joven, en realidad le concede un favor tras otro. Situaciones similares conforman la última parte del cuento, como cuando el prisionero accidentalmente traspasa los linderos del castillo; el Caballero lo encuentra ahí, pero no lo castiga devolviéndolo a prisión, como aquél hubiera esperado. En otra ocasión, el Caballero descubre una trasgresión similar por parte del prisionero, pero él mismo lo salva de las consecuencias humillantes de su acción. Varias veces el prisionero es sometido a grandes penalidades. Entonces, dichas experiencias le sirven para hacer mayor su disfrute de algunos objetos de lujo que le eran regalados por el Caballero.
Todas estas escenas dramáticas fueron representadas muy vívidamente ante la imaginación de la chica. En cada una de ellas, compartía los sentimientos de temor y fortaleza del prisionero, en un estado de gran excitación. Al final de cada situación, -como cuando la ira y la furia del torturador eran transformadas en bondad y compasión-, esta excitación se convertía en un sentimiento de placer. Ir a través de las escenas relatadas y formar otras situaciones nuevas y similares, usualmente le tomaba a la chica, desde unos cuantos días hasta una o dos semanas. Al inicio de cada uno de estos períodos del soñar diurno, la elaboración y desarrollo de cada escena singular eran metódicamente llevadas a cabo. Al formar una escena particular en su imaginación, era capaz de hacer de lado la existencia de todas las otras aventuras que habían sucedido antes o después de aquélla; por consiguiente, en el momento, ella realmente creía en la peligrosa posición del prisionero y en la verdadera posibilidad de una catástrofe final; del tal manera que el miedo y la ansiedad del prisionero, en la parte previa al final, eran descritas extensamente. Tras varios días de soñar diurno, sin embargo, un discordante recuerdo de feliz desenlace de escenas ya imaginadas, parecía penetrar en el sueño diurno; temor y ansiedad eran descritos con menos convicción, el tono de la gentileza y clemencia que el principio había marcado el punto culminante, se extendía cada vez más sobre éste último, y finalmente absorbía todo el interés inicialmente tomado por la introducción y el desarrollo de la trama. El resultado último de esta transformación era que la historia completa era descartada para un uso posterior, y tenía que ser sustituida –al menos por un período de algunas semanas- por otra historia que, tras cierto tiempo sufría el mismo destino. Sólo el sueño diurno principal era el que había perdurado mucho más que las otras menos importantes historias continuadas; el motivo probablemente descansaba en la gran cantidad de personajes contenidos en ella, tanto como en sus múltiples ramificaciones. Por otra parte, no es improbable que ésta elaboración más amplia era llevada a cabo con el único propósito de asegurarle una vida más larga, cada vez que fuera reactivada.
Un examen general de varias de las escenas particulares del sueño diurno del Caballero y el Prisionero, revelaban una sorprendente monotonía en su construcción. La misma soñadora diurna -no obstante toda su inteligencia y crítica respecto a cuanto leía-, no se había percatado de ello, ni siquiera al relatar la historia durante el análisis. Pero al examinar cada escena, sólo era necesario separar de la trama misma, los múltiples detalles menores que, a primera vista, le daban su apariencia de individualidad; en cada caso la estructura subyacente que aparecía era la siguiente: el antagonismo entre una persona fuerte y otra débil; una falta –generalmente no intencional- por parte del débil, la que lo coloca a merced del otro; la actitud amenazante de este último, que produce los más graves temores; una lenta y en ocasiones muy elaborada intensificación llevada hasta el límite del miedo y la ansiedad; y finalmente, como un final agradable, la solución del conflicto, es decir, a través del perdón para el pecador, la reconciliación y por un momento, la completa armonía entre los inicialmente antagonistas.
Con algunas variaciones, la misma estructura sostiene también cada una de las escenas de las otras “bonitas historias” inventadas por la muchacha. Es esta estructura subyacente la que constituye la importante analogía entre dichas historias bonitas y las fantasías de paliza –una analogía bastante insospechada por la misma soñadora-. En las fantasías de paliza, también los personajes estaban divididos entre personas fuertes y débiles, tales como adultos y niños, respectivamente; en ellas también se trataba del asunto de una falta, aunque ésta permanecía en la ambigüedad tanto como las personas mismas; de la misma manera, dichas historias implicaban un período de miedo y ansiedad. La única distinción decisiva entre ambos tipos de fantasías radica en la diferencia entre sus respectivas soluciones, la cual, en el primer caso, consistía en la escena de paliza, y en el segundo, en la escena reconciliatoria. En el curso del análisis, la chica se dio cuenta de estos sorprendentes puntos de semejanza en la construcción de dos producciones aparentemente distintas de su imaginación. La suposición de una conexión entre ambas, le fue cayendo lentamente; una vez que la posibilidad de su relación había sido aceptada, ella comenzó rápidamente a percibir series completas de conexiones recíprocas. Aún así, al menos el contenido de las fantasías de paliza aparecía como no teniendo nada en común con aquél de las bonitas historias; pero esto también fue refutado por ulterior análisis. Una observación más cuidadosa demostró que el tema de las fantasías de paliza había logrado, en más de un lugar, permear las bonitas historias. Como ejemplo, podíamos tomar el sueño diurno del Caballero y el Prisionero, que ya ha sido abordado. En él, el Caballero amenaza con torturar al prisionero. No obstante, esta amenaza siempre queda incumplida, la cuestión es que un gran número de escenas fueron construidas sobre ella, lo cual aporta un inequívoco tono de angustia. A la luz de consideraciones previas, esta amenaza puede fácilmente ser reconocida como el eco de las más tempranas fantasías de paliza; pero, ninguna descripción de ellas era permisible en la bonita historia. Hubieron otros modos en los que el tema de la paliza penetró dentro del sueño diurno, no precisamente en el del Caballero y el Prisionero, pero sí en las otras historias continuadas producidas por la chica. Las siguientes observaciones están tomadas de la historia principal, en tanto que fueron reveladas durante el análisis: en la historia principal, el carácter pasivo y débil (correpondiente al del joven en el sueño diurno del Caballero y el Prisionero), fue eventualmente representado por dos personajes. Tras cometer idénticas faltas, uno de estos dos tenía que ser castigado, mientras que el otro era perdonado. Aquí, le escena de castigo no era en sí misma agradablemente ni “dolorosamente” acentuada; simplemente servía para conducir al alivio de la reconciliación, intensificando el placer que por contraste, se derivaba del primero. En los otros pasajes, la persona pasiva en el sueño diurno, tenía que revivir en su memoria una escena pasada de paliza, al tiempo de estar siendo tratada, en efecto, afectuosamente. Aquí, nuevamente el contraste estaba al servicio de incrementar el placer. O, como tercer posibilidad, era que la persona activa y fuerte, dominada por el ánimo gentil requerido para el clímax, recuerda una escena ya vivida de paliza, en la cual, después de haber cometido la misma falta, ella misma ha sido castigada.
Además, al permear el sueño diurno de esta manera, el tema de la paliza en ocasiones formaba el verdadero contenido de una bonita historia, a condición de que una de las características imprescindibles de la fantasía de paliza fuera omitida. Esta característica era la humillación asociada al ser azotado. Por ejemplo, en algunas impactantes escenas en el sueño diurno principal, el clímax consistía en un golpe o un castigo; cuando se trataba de un golpe, sin embargo, éste era descrito como no intencional, cuando se trataba de un castigo, tomaba la forma de un auto-castigo.
Estos ejemplos de irrupción del tema de paliza dentro de las bonitas historias, constituyeron, al igual que otros muchos argumentos, la comprobación de la relación ya sugerida entre las dos fantasías. En el curso ulterior del análisis, la chica aportó otra prueba convincente de esta íntima conexión. Un día, ella admitió que en algunas pocas y raras ocasiones había tomado lugar una inversión de las bonitas historias en fantasías de paliza. En tiempos difíciles, cuando las cosas se complicaban, por ejemplo, una bonita historia había fracasado en alcanzar su función y había sido reemplazada durante el clímax, por una escena de paliza; de manera que la gratificación sexual asociada a esta última, había logrado una descarga completa de la excitación contenida. Posteriormente, ella había excluido enérgicamente estas ocurrencias de su memoria.
La investigación de la relación entre las fantasías de paliza y las bonitas historias, había producido de esta manera, los siguientes resultados: (1) una sorprendente analogía en la construcción de las escenas particulares; (2) un cierto paralelismo en el contenido; (3) la posibilidad de una conversión repentina de una en otra. La diferencia esencial entre las dos, descansa en el hecho de que en las bonitas historias, el trato afectuoso toma el lugar del castigo implicado en las fantasías de paliza. Así, estas consideraciones nos conducen de nuevo al artículo de Freud, en el cual, la historia previa de las fantasías de paliza es reconstruida. Como ya se mencionó, Freud dice que la forma de la fantasía de paliza aquí descrita, no es la inicial, sino un sustituto de una escena de amor incestuosa. La influencia combinada de represión, y de regresión a la fase anal-sádica de la organización libidinal, ha transformado a aquélla, en una fantasía de paliza. Desde este punto de vista, el avance aparente entre las fantasías de paliza y las bonitas historias, puede ser explicado como un retorno a la fase primera. Las bonitas historias parecen resignar el tema original de las fantasías de paliza; pero simultáneamente ponen de manifiesto su significado de origen, es decir, la fantasía amorosa que estaba oculta tras ellas.
Este intento de explicación es, sin embargo, deficiente en un punto importante. Hemos visto que el clímax de las fantasías de paliza, estaba invariablemente conectado a un acto onanista compulsivo, como al consiguiente sentimiento de culpa. Este punto culminante en las bonitas historias está, por otro lado, libre de ambos. A primera vista, esto parece inexplicable; dado que el acto onanista tanto como el sentimiento de culpa derivan de la fantasía amorosa reprimida, y esta última, aunque está disfrazada en las fantasías de paliza, es representada en las bonitas historias. Una solución del problema nos la da el hecho de que las bonitas historias no retoman la totalidad de la fantasía de deseo incestuosa perteneciente a la infancia temprana. En ese momento, todos los instintos sexuales estaban siendo concentrados en un primer objeto, el padre. Posteriormente, la represión del complejo de Edipo, obligó a la niña a renunciar a la mayoría de estos vínculos sexuales infantiles. El objeto “sensual” fue enviado al inconsciente, de tal forma que su re-emergencia en las fantasías de paliza, significa una falla parcial de dicho intento de represión. Mientras que las fantasías de paliza representan un retorno de lo reprimido, como lo es la fantasía de deseo incestuoso, las bonitas historias, por otra parte, representan una sublimación de ella. Las fantasías de paliza constituyen una gratificación para las tendencias directamente sexuales; las bonitas historias, lo son para aquellas tendencias que Freud describió como “de meta inhibida”. Precisamente como sucede en el desarrollo del amor de un niño por sus padres, la corriente original completa se divide en tendencias sensuales que quedan bajo la represión (aquí representadas por las fantasías de paliza) y en el vínculo emocional sublimado y puramente tierno (representado por las bonitas historias).
Los objetivos que ambas fantasías requerían cumplir, pueden ser presentados de la siguiente forma: las fantasías de paliza siempre representan la misma escena de amor sensual, expresada en términos de la fase anal sádica de la organización libidinal, la cual queda disfrazada como una escena de paliza. Las bonitas historias, por otra parte, contienen una variedad de vínculos objetales emocionales de carácter tierno. Su tema, sin embargo, es siempre monótono; consiste invariablemente en una amistad entre dos personajes opuestos en cuanto a fuerza, edad, o posición social. La sublimación del amor sensual en tierna amistad, fue naturalmente favorecida por el hecho de que ya en las tempranas etapas de la fantasía de paliza, la niña había abandonado la diferencia de sexo y era invariablemente representada como un niño.
Fue el objetivo de este artículo examinar un caso especial en el que las fantasías de paliza y los sueños diurnos coexistían unas frente a los otros. La relación entre ellos y su mutua dependencia fue constatada. Aparte de ello, el análisis de esta soñadora diurna también aporta la posibilidad de observación del ulterior desarrollo de una historia continuada.
Algunos años después de la primera emergencia del sueño diurno del Caballero y el Prisionero, la niña repentinamente hizo el intento de escribir su contenido. Como resultado, produjo un tipo de historia corta en la que se describía la vida del joven durante la prisión. Comenzaba con una descripción de la tortura a la que fue sometido, y finalizaba con la renuncia, por parte del prisionero, a tratar de escapar del castillo. Su disposición a permanecer bajo el poder del Caballero, sugería el principio de su amistad. En contraste con el sueño diurno, todos los eventos fueron dejados en el pasado y aparecían bajo la forma de una conversación entre el padre del prisionero y el Caballero. Sin embargo, mientras se mantenía el tema del sueño diurno, la historia escrita modificaba completamente la elaboración del contenido. En el sueño diurno, la amistad entre la figura fuerte y la débil, se renovaba en cada escena singular; en la historia escrita, por otra parte, la amistad se desenvolvía lentamente y su conformación se extendió a lo largo de toda la acción. En la nueva elaboración, las escenas puntuales del sueño diurno fueron abandonadas; parte del material contenido en ellas fue utilizado para la historia, sus diversos finales, sin embargo, no fueron reemplazados por un final principal que concluyera aquélla. La conclusión, en este caso: la armonía entre los iniciales antagonistas, fue anticipada mas no descrita en la narración. Por consecuencia, aquí el interés que en el sueño diurno se concentraba en varios puntos, fue más constantemente difuso sobre el curso total de la acción.
Estas modificaciones en la estructura, correspondían también a modificaciones en la gratificación obtenida. En el sueño diurno, cada nueva formación o repetición de una escena particular, aportaba una nueva oportunidad para la gratificación instintual placentera. Esta vía directa de obtención de placer fue abandonada en la historia escrita. La niña, inclusive, realiza la escritura en un estado de excitación placentera, similar a su estado mental durante el soñar diurno; la historia terminada, no obstante, no provocaba esta excitación. Leer la historia no tenía en la chica un efecto diferente del que le producía la lectura de otra historia con un contenido similar, escrita por otro.
Ello conlleva a la aproximación de que los dos cambios esenciales efectuados en el pasaje del sueño diurno a la historia escrita, es decir, el abandono de las escenas puntuales y la renuncia al placer proveniente de los distintos finales, estaban íntimamente ligados. Parece obvio que la historia escrita tenía otros motivos y servía a otro propósito que los del sueño diurno. Si esto no fuera así, el desarrollo de la Historia del Caballero fuera del sueño diurno, significaría la transformación de algo útil en algo, en última instancia inútil. Cuando se le cuestionó acerca de las razones que la habían inducido a escribir la historia, la chica sólo podía dar una del orden de lo consciente. Ella respondió que la historia se había originado en un período en el que el sueño diurno había sido inusualmente vívido. Escribirlo fue una defensa contra la sobrecomplacencia en él. Los personajes eran tan reales para ella y tomaban tanto de su tiempo e interés, que ella se formó el propósito de crearles una especie de existencia independiente. Como una cuestión de facto, tras haber escrito el sueño diurno del Caballero y el Prisionero, éste efectivamente se desvaneció.
Esta explicación, sin embargo, no aclara completamente la cuestión. Si fuera la vividez de las escenas la que la indujo a escribir la historia, permanece sin explicación por qué, al escribirla, ella abandonó esas escenas particulares y se explayó en otras que no estaban incluidas en el sueño diurno (como la escena de tortura). El mismo razonamiento se sostiene para los personajes; porque en la historia algunos de ellos que fueron plenamente desarrollados, en el sueño diurno están ausentes y son sustituidos por otros desconocidos en la historia (como por ejemplo, el padre del prisionero).
Otra motivación para la historia escrita es mostrada a través de seguir una indicación del Dr. Bernfeld, en relación a los intentos literarios en los adolescentes. Bernfeld dice que en estos casos, el motivo para escribir un sueño diurno puede ser extrínseco, no intrínseco. De acuerdo con él, es más frecuente que sea propiciado por ciertas tendencias ambiciosas del yo, como por ejemplo, el deseo de ser reconocido como un poeta y obtener, mediante esa capacidad, el amor y la estima de otros. Al aplicar esta teoría al caso en discusión, la evolución desde el sueño diurno hasta la historia escrita, puede ser representada como sigue: La fantasía privada fue transformada bajo la presión de las tendencias ambiciosas arriba mencionadas, en una comunicación hacia otros. Durante la transformación, toda consideración hacia las necesidades personales de la soñadora, fue reemplazada por el reconocimiento de futuros lectores de la historia. Ya no era necesario para la chica, obtener placer directamente del contenido, debido a que la historia escrita, además de gratificar su ambición, era indirectamente placentera. Tras haber renunciado a la forma directa de obtener placer, ya no había motivo para mantener los diversos finales que habían sido la fuente de placer anteriormente. Igualmente, ahora ella era libre para desatender las restricciones que le habían prohibido describir situaciones derivadas de fantasías de paliza. La tortura, por ejemplo, pudo ser introducida. Al escribir la historia, ella tomó en cuenta la totalidad del sueño diurno desde la perspectiva de lo que convenía representar, y seleccionó entre las distintas partes, de acuerdo a dicho criterio. En cuanto mejor lograba redondear la acción, mayores serían la impresión que creaba en los otros y, simultáneamente, el placer que ella obtenía indirectamente de la historia. A través de renunciar a su placer privado, a favor de la impresión que ella podía provocar en los otros, ella viró de una actividad autística, a otra de tipo social, y de esta forma encontró su camino de regreso desde la vida imaginaria a la vida en realidad.(Este texto fue el resultado de la traducción efectuada por María Gutiérrez Zuñiga, a quien se le agradece su gentil colaboración y la calidad de la misma)
vie
04
mar
2011
AM@R: El coraje de hablar franco, sincero
Para mayor Información haga click aquí: sladogna@live.com
http://www.elsaborsaberdelpsicoanalisis.org / http://www.psicoanalisisalbertosladogna.com
--
Alberto Sladogna,
analista, un miembro de la elp
http://www.edicionesartefactos.com
http://www.elsaborsaberdelpsicoanalisis.org
http://www.escucharte.net.
http://twiter.com/sladogna
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Alberto Sladogna,
analista, un miembro de la elp
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mar
01
mar
2011
HABLAR FRANCO:¿REINVENTAR EL PSICOANÁLISIS?
LOS VÍDEOS A LOS QUE USTED TIENE ACCESO MEDIANTE UN SIMPLE CLICK EN EL TÍTULO DE ESTA SECCION.
ESOS VIDEOS LLEVAN SE TITULAN "REINVENTAR EL PSICOANÁLISIS", CONSIDERO QUE- MÁS ALLÁ O MÁS ACÁ DE SUS FORMULACIONES- EL TÍTULO ES PERTINENTE PUES RECUPeRA UNA INQUIETUD DE CADA ANALISTA ¿REINVENTAR EL ANÁLISIS? SEGUIDA DE OTRA PREGUNTA ¿CÓMO HACER ESA OPERACIÓN? SUGIERO UNA POSIBLE RESPUESTA: SE LO REINVENTA PUES DE NO HACERLO SE DEJA DE ACOMPAÑAR LA INVENCIÓN COTIDIDIANA QUE SE ESPERA DE CADA ANÁLISIS.
SE REINVENTA EN EL COLECTIVO DE QUIENES ESTÁN INTERESADOS, SÓLO DE ALLÍ SURGIRA QUE ESE COLECTIVO QUE INVENTA NO ES NADA SINO EL SUJETO DE ESA OPERACIÓN COMPARTIDA.
A PARTIR DE ALLÍ LES SUGIERO QUE LUEGO DE VER Y ESCUCHAR LOS VÍDEOS ACCEDAN A LA LECTURA DE UN ARGUMENTO QUE ABORDA UN ASPECTO PARA REINVENTAR ALGO EN EL ANÁLISIS, SE TRATA DEL "AM@R. EL CORAJE DE HABLAR FRANCO", LOS INVITO A PARTICIPAR.
ALBERTO SLADOGNA
Analista, un miembro de la elp
mar
15
feb
2011
SEMINARIO: EL CORAJE DE HABLAR FRANCO
Seminario de la elp –école lacanienne de Psychanalyse-
AMOR: EL CORAJE DEL HABLAR FRANCO, SINCERO A cargo de Alberto Sladogna, analista, un miembro de la elp.
Lugar: salón ambientado con cámara, micrófono y pizarrón de documentos. Cada participante o colectivo de participantes requiere contar con una conexión a Internet de las más alta velocidad posible de las que disponen los servidores en uso.
Fecha: El viernes 18 de marzo del 2011 y el sábado 19 de marzo del 2011.
Horarios: el día viernes 18/03/2011 será de 18hs a 21hs; el día sábado 19/03/2011 será de 10hs a 13hs; luego de 15hs a 20 hs. En esos horarios se contemplan recesos para café, descanso, etcétera.
Participación en los gastos: U$A 50 (su equivalente en la moneda del país)
Freud indicaba que el enamoramiento surgido en la transferencia pueda procurarnos nada favorable a la cura. La paciente, incluso la más dúctil hasta entonces, pierde de repente todo interés por la cura y no quiere ya hablar ni oír hablar más que de su amor, para el cual demanda correspondencia (1915) Freud con audacia mostraba un cambio en el discurso, diremos un cambio de discurso.
Años después Lacan avanzó un trazo para localizar el amor: Parece imposible eliminar del fenómeno del amor aquello que se manifiesta en la relación con alguien a quien se habla. Esto constituye una frontera, indica al mismo tiempo no ahogar su fenómeno en la posibilidad general de repetición.(1960/1961).
Lacan en ese año producía un cambio de discurso en el territorio del amor en el análisis: Se paso del discurso amoroso de la pareja “neurótica” –Papa y mama- al discurso amoroso de la pareja de la semejanza: la pareja del amante con su amado (Erastes/erómenos). Sin saberlo, ese cambio hubiese permitido vislumbrar el horizonte desplegado por Michel Foucault; horizonte ampliado por el movimiento práctico y las teorías alegres, cotorras, chamuyeras (queer).
Otra, otra, otra vez Lacan se acerca al tema al localizar la tontería fálica: el amor es el signo de que se cambia de discurso (1972/1973) y poco tiempo después precisa el fracaso del Un-desliz es el amor (1976-1977). Así el amor permite pasar del inconsciente al desliz, un terreno donde en la lengua compartida suele producirse el amor.
Michel Foucault al final de su enseñanza, ya enfermo despliega un curso –un camino-: El coraje de la verdad; ese coraje no será otro más que el hablar franco. Un discurso del hablar franco que es un estilo del decir veraz. Foucault detecta cuatro discursos veraces: la profecía, la sabiduría, la enseñanza y el decir franco; no sólo eso sino que descube sus formas de anudarse manteniendo una separación. Juntos pero no revueltos, de forma semejante al nudo del real, el simbólico, el imaginario con su síntoma.
El hablar franco pone en tela juicio cualquier individualidad e incluso su forma disfrazada de particularidad y/o singularidad: el hablar franco compromete a quien lo dice y a quien lo recibe. Es un decir franco que tiene sus consecuencias. Se trata del decir del guía espiritual, es decir, del analista. El hablar franco no es un oficio, es algo más difícil de discernir, es un papel indispensable para la ciudad y los individuos. No hay hablar franco en soledad, sino con otro, con otros.
El decir franco es el nudo olvidado que ha quedado detrás lo que se ha dicho en lo que se dice de la asociación y de la supuesta cadena de un significante con otro. De ahí que ese seminario estará destinado a establecer un diálogo del decir franco con los elementos del amor desplegados en la experiencia analítica.
mar
30
nov
2010
Presentación de Miki Max Daniel, testimonio de un sobreviviente
Estimados Amigos:
Les adjunto un pequeño argumento a propósito de la conferencia que ofrecerá el C. Miki Max Daniel en el
Hospital de Psiquiatría "Dr. Samuel Ramírez Moreno" sito en Km 5.5 Autopista México-Puebla, Col. Sta. Catarina, Tláhuac de la Ciudad de México, tel. 5860 1588, el día 10 de diciembre a las 12 hrs.
Posterior a la intervención de Max Daniel, por iniciativa de él mismo, se abrirá un espacio para comentarios, preguntas y respuestas durante unos 15 a 20 minutos.
ARGUMENTO PARA LA PRESENTACIÓN DE MIKI MAX DANIEL H.
¿Quién es Miki Max Daniel; qué justifica su presentación; para qué?
Miki Max Daniel: nacido en Budapest, Hungría. Tiene 17 años cuando el Ejército de la Alemania Nazi invade Hungría. Hecho prisionero y enviado a Trabajos Forzados. Luego, tras la puesta en marcha de la Solución Final por Hermman Goering, Comandante en Jefe de la GESTAPO, es deportado a los Campos de Concentración para el exterminio de Judíos en la ex – Checoslovaquia. Permanece cautivo en el terrorífico Campo de Concentración de Bergen –Belsen, donde se estima que fueron asesinados 2 millones de Judíos en cámaras de Gas (gas amarillo, cianuro) y posteriormente convertidos en humo (crematorios)
El Sr. Miki Max Daniel es un sobreviviente de los Campos Nazis de exterminio de Judíos, es, por tanto, un testigo de uno de los hechos más abominables en la historia contemporánea de la humanidad.
Sobre este hecho ocurrido durante la II Guerra Mundial, estructurado y guiado por el delirio Hitleriano de la Supremacía de la Raza Aria, se han escrito bibliotecas enteras, numerosos documentales y películas que subrayan la maldad inherente a aquella parte del Ejército Nazi que gustosamente se entregara al objetivo de exterminar a la raza Judía.
Todas las palabras dichas. Todo lo escrito, ni todo lo filmado y difundido han sido ni serán suficientes para luchar contra el olvido. Ó su negación, también delirante. Tristemente tenemos noticias de que en otras partes del mundo han sido perpretadas matanzas de civiles (África, Asia, África, Centro y Sudamérica) en proporciones diferentes, igual de condenables.
Se les invita a acudir a escuchar y dialogar respetuosamente con el Sr. Miki Max Daniel, quien compartirá con nosotros una parte de su testimonio, pero fundamentalmente sus reflexiones a propósito de cómo sobrevivió frente a adversidades extremas, como la que vivió.
mié
24
nov
2010
Vivir el duelo
Los últimos ritos
escrito por Marta Dillon (página 12,24/11/2010)
Mi madre fue asesinada el 3 de febrero de 1977, a las 2.05 de la madrugada, en la esquina de Santamarina y Chubut, Ciudadela. Su partida de defunción dice: “Múltiples heridas de bala. NN femenino, delgada, 1,65, cabello rubio teñido”. Nada de sus ojos celestes. Tal vez haya apretado los párpados el instante antes de que la fusilaran. A lo mejor estaba oscuro en la morgue o se habían acumulado demasiados cuerpos o les pareció en vano anotar un dato tan estúpido cuando la poseedora de los ojos celestes estaba muerta y a esas pupilas de agua sobre las que caían sus pestañas como una marea sólo les esperaba la corrupción.
Mi madre es ahora, concretamente, un cráneo con pocos dientes, un maxilar asignado morfológicamente, tibias y fémures, radios y cúbitos, clavículas. Seguro me equivoco en la enumeración de los huesos, lo cierto es que su torso continúa desaparecido.
Ella, no.
Ahora puedo trazar un recorrido de sus años de silencio. Sus años bajo tierra. Su asfixia en el anonimato.
¿Dónde estaba yo la noche en que la mataron?, me preguntó una amiga. No puedo saberlo, tenía 10 años y la estaba esperando. Como he esperado hasta ahora aun a sabiendas de que no iba a volver.
Algo de ella ha retornado con los restos de su cuerpo, con los rastros de su último día.
Mi hermano preguntó si la habían fusilado de frente o de espaldas.
Hay cosas que nunca podremos saber.
Tiene un disparo en la pierna. Hasta el ’85 su cráneo estaba rosado. Había restos de carne, restos de aquello que yo había besado. Restos que volvieron a la tierra sin una caricia sin un consuelo para la larga muerte del anonimato. Fue exhumada, fotografiada, catalogada y vuelta a enterrar. Se terminó de descomponer en una bolsa, su cuerpo se entreveró con otros que también fueron acribillados la misma noche, que fueron recogidos de una esquina en Ciudadela después de que los represores terminaran su tarea y empezara la suya la burocracia del Estado. Por eso mi madre tiene su partida de defunción firmada y sellada mientras la esperábamos o esperábamos alguna noticia suya.
En esa época solía preguntarle a mi padre cuándo íbamos a poder verla. Me imaginaba que estaría presa, al fin y al cabo eran policías los que habían entrado y destrozado la casa en la que vivíamos ella, mis hermanos y yo; su amiga, Gladis Porcel, su novio, Juan Carlos Arroyo. Los tres desaparecidos que el Equipo Argentino de Antropología Forense nos devolvió, 34 años después, para que finalmente podamos despedirnos. Porque hasta ahora no terminábamos de hacerlo. Y ahora mismo, cuando sé que lo que queda de ella descansa en una caja junto a tantos esqueletos todavía sin nombre, a la espera de una inscripción oficial y de los ritos que inventemos para ella; ahora mismo no puedo terminar de despedirme. Aunque el tiempo se haya comprimido de golpe y yo me sienta igual que la niña de 10 años que escuchó su voz por última vez mientras un represor la interrogaba y hasta le prometiera “por mí te daría una rosa, pero vos no me estás ayudando”. Ella no estaba ayudando y eso me basta para saber de un gesto de dignidad que probablemente estrujaran hasta el hartazgo en una mesa de tortura. No quiero pensar de qué se trataba esa rosa pero nunca pude dejar de indagar sobre el ensañamiento de los represores contra las mujeres cautivas.
“Toda mi vida se me viene encima”, dijo su amiga Laly cuando supo de la identificación de los huesos de mi madre, en España, donde también estaba yo, aunque la suerte quiso que ese día no podamos abrazarnos. Mi vida también se me vino encima. Y esa última noche sobre la que algunas incógnitas empezaron a disiparse como niebla al mediodía se convierte en nuevas preguntas: ¿Quiénes escucharon los disparos? ¿Quién avisó para que retiraran los cadáveres? ¿Llevaba puesta una de las polleras que ella misma pintaba? ¿Alguien le dio la mano antes de que la ráfaga los desarticulara como a muñecos de estopa? ¿Quién vio sus ojos azules? ¿Quién supo que ya no habría caída de sus pestañas para conquistar en ese gesto todo lo que necesitaba? ¿Tenía los zapatos puestos? ¿Dónde quedaron las plataformas de las que nunca se bajaba?
Hay algo de lo real que empieza a tomar cuerpo. Mi madre fue asesinada en la madrugada del 3 de febrero de 1977. Yo tenía diez años. Mi hermano Juan apenas dos. Santiago, ocho. Andrés, cinco. Los cuatro te extrañamos, mamá, y hasta ahora hemos hecho lo que pudimos con tu ausencia y tu presencia intermitente.
Hay una página de un libro que ella me regaló poco antes del final, está escrita con su letra y dice: “Para Martita, mi compañera, que está aprendiendo a sentir como propias las alegrías y las luchas del pueblo latinoamericano”. Pomposa dedicatoria para una niña que con 44 quiere seguir siendo Martita y aprender eso en lo que estaba cuando vos estabas conmigo. Ahora acabo de casarme, por primera vez, enamorada y con una familia imposible pero bien constituida: mi amor, Albertina, mis dos hijos con veintiún años de distancia entre ellos, una nieta, tres perros, dos gatas, una cantidad de amigos y amigas sobre los que sé que puedo derrumbarme y levantarme con los ojos cerrados. A nadie le importan estos detalles, salvo a mí porque son la prueba de que he sobrevivido. Más que eso, he vivido todos estos años y buscándote es como fraguó mi familia. O buscando justicia para vos. O buscando un lenguaje en el que poder nombrarte.
Alguien me contó una vez que en el campo de concentración donde pasaste tres largos meses, las mujeres se cambiaban de ropa entre ellas para sentir que se vestían por la mañana. O por esa hora difusa que el encierro convertía en mañana. Esa anécdota te nombra, mamá.
Lloré como una nena sobre ningún hombro o sobre el de todos mientras los amigos del EAAF me relataban lo que sabían de vos. Amorosamente te rescataron de una fosa común en el cementerio de San Martín. Amorosamente me dijeron “hay un coxal que todavía podría ser de tu mami”, con el mismo amor con que mi amiga Raquel me dijo que quería ser mi velority planner. Un resto de humor negro para salvarnos a todos y a todas de este naufragio en tierra que significa haberte encontrado, mamá.
Más calma, Raquel me llamó más tarde para decirme, ella que había sido baleada en el pecho en un enfrentamiento entre policías y ladrones en el que nada tenía que ver, que las balas no duelen. La muerte propia, me imagino, no duele. Lo que duele es la vida que sigue como si nada, diez, veinte, treinta años. Y duele sobre todo porque también ha encontrado sus bálsamos.
Todas palabras desordenadas y debidas para el entierro que todavía no sucede, ahora que se cumplen 34 años de tu desaparición y apenas un mes desde que volviste de la asfixia bajo la tierra, del anonimato, del consuelo de un rito que arranque de una vez por todas a la niña que sigue aferrada a la ventana esperando que el toc toc de tus plataformas en la vereda te traiga de vuelta.
De todo esto y de todo lo que todavía no puedo nombrar se trata haberte encontrado. De un punto final para un texto que voy a seguir escribiendo, para un duelo del que tal vez empiece de una vez a desprenderme.
Psicoanálisis Alberto Sladogna